En esta ocasión tuve la oportunidad de ir a este famoso centro preventivo "Ubaldo Bonuchelli", había oído antes de esta actividad y no supe comprender esa emotividad con la que me lo decían, hasta ese momento en el que estuve junto a los niños durante una semana, fue muy divertido porque ahora el que compartía los conocimiento era yo y esto no pasa cualquier día.
Afortunada y desafortunadamente me tocó el último grupo que realizaba esta actividad. Estaba emocionado ya que los anteriores grupos ya nos dieron una idea de como era, por lo que nos hizo suponer la fantástica semana que iba a ser la nuestra, obviamente yo tenía entendido que el cansancio era fastidioso, pero esto no ganó a las ansias.
El primer día fue muy normal, recuerdo que apenas entré, los niños me recibieron con un caluroso abrazo como si nos conociéramos de años y preguntaban por mi nombre, era increíble porque era la primera ves que alguien desconocida me brindara tanta acogida y más aún que estos se tratasen de niños.
Apenas entré al aula me fijé que eran distintos, pero aún así no fue impedimento para proponer un gran día junto a ellos y con un poco de tranquilidad empecé con ayudarles en la tarea pero a pesar de todo, no supe darme con todos, mi inexperiencia hacía que muchos salieran enojados pues mientras ayudaba a un estudiante, otro pedía mi ayuda y como cualquier niño, no me tuvo paciencia y muchos de ellos salieron enojados para otra aula, lo cual me entristecía ya que no lo hacia con intensión. Después de la jornada de trabajo venía el recreo que era casi como el mío, tomamos la costumbre de jugar basket, bueno yo le llame "basket americano" jajaja porque era muy brusco, en fin siempre iba en el equipo de las mujeres porque eran las menos beneficiadas. Finalmente se acercaba la parte de la comida y los niños se organizaban para recoger su postre.
Al siguiente día llegué más confiado, saludé e iniciamos con las tareas. Primero iniciaba con los que ponían más resistencia en hacerlas, pero no era ningún reto. Fue algo curioso porque cuando veía las tareas de los niños, se me venían recuerdos de la escuela y como sufría con las matemáticas jajaja.
Definitivamente la hora del recreo era la mejor, me sentía tan bien jugando junto a los niños y de paso hacía algo de ejercicio y siempre finalizando con la alimentación de los niños.
Los tres días siguientes llegaron a ser únicos, comprendí mucho sobre los niños, yo me acostumbré a ellos y ellos a mí, a tal punto de que sólo se acercaban a mi a preguntarme si estaban haciendo correctamente el deber más ya no me decían que les de haciendo, siempre acabábamos el día hecho círculo; ellos haciendo sus tareas y yo contándoles cosas interesantes que veía en la tele, era un fantástico curso.




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