Ahuano.
Bueno primeramente no todo fue color de rosa al inicio, como presidente tuve la responsabilidad de hacerme cargo de incentivar a mi curso para llevar a cabo esta actividad de repartir felicidad a personas que tenían limitadas oportunidades. Primeramente se planificó ir a una escuelita ubicada cerca de Puerto Napo, supuestamente teníamos arreglado todo; carro, presupuesto, actividades, etc. Pero cuando llegó el momentos de llevar a cabo lo planificado, todo tomó un giro inesperado y lo más fundamental que era el transporte resultó que tuvo un inconveniente por lo que no podía ayudarnos. Fatal. Nuestra meta estaba trazada y tuvimos que mover contactos e incluso se nos cruzó la idea de ir a pie, pero era imposible debido a que el lugar se encontraba muy lejos y era imposible con la carga de regalos que ibamos a entregar. En fin, decidimos distribuirnos en grupos para poder llegar en diferentes carros particulares que mostraron su apoyo ante nuestra iniciativa. Pero no todo acabó ahí pues al llegar a la escuelita nos fijamos que esta se encontraba cerrada y los carros que nos ayudaron a llegar se habían regresado ya al Tena, quedándose sólo un carro que le pedimos de favor que si nos podía llevar a los 21... ¡21 estudiantes en una sola camioneta! no me imagino quien soporto más, el carro o nosotros que nos encontrábamos aplastados. Pero afortunadamente una de nuestras
En horas de la tarde nos brindaron el almuerzo que era un tallaron de pollo con caldo de gallina criolla, que por cierto estuvo muy delicioso, yo antes lo había probado por parte de mi abuelita o mi mamá, pero definitivamente el sabor del caldo de gallina era único, pero tristemente no lo pude disfrutar en su totalidad debido al dolor de garganta que llevaba hace unos días, aún así no fue impedimento para saborear este delicioso manjar.
Para la despedida fueron muy amigables y decidimos continuar con nuestro trayecto con el objetivo de soportar el viaje los 21 en la camioneta, fuimos como sardinas y más cansado fue gracias al camino que se encontraba deteriorado. A pesar de eso veníamos entre risas y fue más la felicidad que el dolor. Pero lastimosamente al llegar a Misahuallí se nos advirtió que no era posible que viajemos en la cajuela de la camioneta, por lo que los que veníamos atrás nos vimos obligados a regresar en bus.
Es verdad que no fuimos muy afortunados, pero eso se "maquilló" totalmente al ver las felices caras de los niños al recibir sus presentes de navidad. Pero más gratificante fue ver la felicidad mientras realizábamos los juegos recreativos. Fue fantásticoe inolvidable.



No hay comentarios:
Publicar un comentario